Un cuento de terror ☠

Esta actividad la hicimos apenas entrar al curso y consistía en escribir un fragmento de cuento que tú quisieras para que, luego, otros siguieran con el hilo que tú has empezado y viceversa. Al final de esta actividad, este acabó siendo mi cuento:



JAVIER

Había una vez una niña que iba paseando tranquilamente por un pueblo perdido que ya solo ancianos centenarios recordaban. De repente, se encontró con un chico, era bajito, rubio y tenía unos ojos que parecían diamantes, llevaba una ropa muy humilde y parecía no haber visto a nadie durante mucho tiempo. Los dos, muy sorprendidos de ver a alguien por aquel pueblo fantasma empezaron a hablar. Es así, como Débora y Blas se conocieron.
Pasada una década y tratando de alimentarse de lo que podían los dos decidieron construir una pequeña cabaña en un bosque a las afueras de una ciudad no muy grande.
Muchos años más tarde, Débora y Blas decidieron ir a aquel pueblo del que ya casi ni se acordaban. Emprendieron su viaje hacia aquellas remotas casas que aún estaban más desoladas. Mientras paseaban por el lugar, vieron una sombra, una sombra que parecía no ser la de una persona normal.
  • ¿Has visto eso, Blas?- dijo Débora un poco asustada.
  • Sí, si lo he visto, nadie ha pisado este pueblo durante mucho tiempo, puede que sea un niño perdido, vayamos a investigar- contestó Blas con mucha seguridad.
  • No me parece buena idea, pero si es un niño le podríamos ayudar, así que vayamos.
Aunque Débora parecía segura después de la respuesta de Blas, en su interior estaba llena de inseguridad.
Tras andar y andar sin sentido alguno buscando alguna prueba o rastro del supuesto niño no encontraron absolutamente nada. Sin embargo, lograron encontrarse con una iglesia algo derruida, entraron y vieron algo parecido a un pequeño pergamino que decía así:

Querido hijo,

Huye, corre, no dejes que te pille, no mires atrás, y no pienses en nada
más que en mover tus piernas para que no te decapite. Ve al convento
donde nosotros jugábamos cuando eras pequeño, refugiate allí, te esta
esperando.
Corre Javier,
Óscar.”


Al leer este carta Débora y Blas quedaron aterrorizados.
Por lo visto, en el pueblo hubo una masacre, en la que un loco desalmado arrasó todo, matando a los que se cruzaban por su camino. Óscar, era el alcalde del pueblo y padre de Javier, a quien le escribió esta carta cuando se encontraba en sus últimas. Pocos instantes después fue asesinado pero Javier ya estaba a salvo.
Débora y Blas se preguntaron si deberían o no ir a aquel convento que además se veía desde el pueblo:
  • Es un poco arriesgado, pero podríamos ir al convento, puede que la sombra que vimos fuera de ese tal Javier – dijo Blas
  • No sé, es peligroso, pero si ese niño sigue vivo podría ayudarnos – respondió Débora.
Entonces, Débora y Blas fueron al convento.
Mientras se acercaban más y más podían ir distinguiendo mejor algo que parecía ser un hombre con una túnica. Cuando por fin llegaron al convento vieron a ese hombre, creían que era un monje.
El “monje” estaba de espaldas a ellos, su ropa negra estaba muy desgastada, era alto y muy canoso.
No hacía caso a las peticiones de ayuda de Débora y Blas, simplemente miraba al convento hasta que Blas se acercó a él.
  • ¿Puedes escucharnos? - dijo Blas tocándole la espalda al monje.
  • Fuera... - susurró el monje

Los cuerpos de Blas y Débora se quedaron paralizados al ver la cara del monje. Nunca habían visto algo así. El monje tenía agujeros con heridas profundas y los ojos en blanco, además tenia cuchillos clavados por todas partes, no era nada agradable porque más que una persona, parecía un diablo.
La pareja estaba tan asustada que el cuerpo no les respondía. No podían hacer nada, estaban acabados, además ¿quién iba a ir a ayudarlos? Estaban en el medio de un bosque que nadie conocía.

Javier solo era un niño y fue muy duro ver cómo asesinaron a lo único que tenía, su padre. Días después de aquella masacre Javier seguía en el convento, esperándolo, pero él nunca llegó.
Este chico fue adoptado por una familia que vivía cerca en un pueblo muy humilde, cerca del convento. Javier acabó suicidándose a la edad de los 16 años por las pesadillas y secuelas de aquel día que nadie quiere recordar. Antes de su muerte juró matar a lo que él siempre ha odiado y atormentar a todos los que pasaran por el pueblo o el convento con algún ser querido, del que Javier fue arrebatado tan cruelmente.

Aún así, Blas y Débora no podían morir así, por eso se llenaron de valentía y lucharon y corrieron por su vida, mientras tanto Javier se iba convirtiendo cada vez más en alguien parecido al loco que mató a su padre, así, Javier mientras corría por ellos paró en seco y se tropezó, dándose un fuerte golpe en la cabeza y quedando inconsciente. Débora y Blas dejaron de correr:
  • ¿Ha muerto? - dijo Débora asustada
  • No, creo que no, solo ha perdido la consciencia – respondió Blas.
Como la pareja era demasiado humilde decidieron llevarlo a un pueblo muy cerca del convento, donde vivía la antigua familia adoptiva de Javier, con la esperanza de encontrar a alguien que lo conociera. Sin embargo, en ese pueblo no quedaba ya vivo casi nadie, habían pasado demasiados años.
Mientras Javier vivía como el “monje fantasma”, el tiempo pasaba pero él no envejecía. Débora y Blas buscaban algún lugar donde refugiar a Javier, pero tras tanta búsqueda no encontraron nada, todo estaba derruido. Así, decidieron llevarlo a la cabaña donde vivían.
Después de unos días, Javier despertó y parecía haber vuelto a ser una persona normal, sus heridas habían desaparecido y ya no sentía ningún tipo de odio hacia la pareja. Desde aquel día Javier, Débora y Blas vivieron en la cabaña y llevaron una vida de lo más normal, cosa que Javier no pudo tener mucho pero que desde que encontró a Débora y Blas acaba de dar comienzo.

Por eso, las historias con una historia de lo mas aterradora y que parecen que van a tener una final horrible pueden llegar a tener uno feliz.


Rafael Fernández Madrid

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi primer booktrailer ☽

☆ Mi Presentación ★